domingo, 23 de octubre de 2011

CUADRO DE THOMAS HOBBES


Thomas Hobbes (5 de abril de 1588 – 4 de diciembre de 1679). Filósofo, político y economista inglés, cuya obra “Leviatán o la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil” (1651) estableció la fundación de la mayor parte de la filosofía política europea moderna. Es el teórico político por excelencia del “Absolutismo Político”. En palabras de Manuel Sánchez Sarto, “Hobbes es uno de esos singularísimos pensadores ingleses (tan peculiar en el campo de la filosofía como Shelley lo fue en el arte poético) que desafían cualquier tentativa de interpretación en términos de características nacionales, o en los de cualquier escuela o moda del pensamiento. Aparte de su alcance en la evolución científica, la importancia de tales hombres radica en que hablan un lenguaje universal, sin medida de tiempo ni de espacio”.

Hijo de un eclesiástico, Thomas Hobbes quedó a cargo de su tío cuando aquél abandonó a su familia, tras participar en una pelea en la puerta de su iglesia. Estudió en el Magdalen Hall de Oxford, y en (1608) entró al servicio de la familia Cavendish como preceptor de uno de sus hijos, a quien acompañó en sus viajes por Francia e Italia entre (1608) y (1610). A la muerte de su alumno, en (1628), regresó de nuevo a Francia para entrar al servicio de Gervase Clifton. En Francia permaneció hasta (1631), cuando los Cavendish lo solicitaron de nuevo, como preceptor de otro de sus hijos. En (1634), acompañando a su nuevo alumno, realizó otro viaje al continente, ocasión que aprovechó para entrevistarse con Galileo Galilei (1564-1642), René Descartes (1596-1650) y Pierre Gassendi (1592-1655) y otros pensadores y científicos de la época. En (1637) volvió a Inglaterra, pero el mal ambiente político, que anunciaba ya la guerra civil, lo llevó a abandonar su patria e instalarse en París, Francia, en (1640). Desde (1646) hasta (1648) ejerció como docente de matemáticas del Príncipe de Gales, más tarde Rey Carlos II, que también vivía exiliado en París, Francia.

Thomas Hobbes es recordado por su obra sobre la filosofía política, aunque también contribuyó en una amplia gama de campos, incluyendo historia, geometría, teología, ética, filosofía y ciencia política. Más tarde diría respecto a su nacimiento: “El miedo y yo nacimos gemelos”, dado que su madre dio a luz de forma prematura por el terror que infundía la Armada Invencible Española acercándose a las costas británicas.

Ha sido considerado a lo largo de la historia del pensamiento como un “ser humano oscuro”, de hecho en (1666) en Inglaterra se quemaron sus libros por considerarle ateo. Posteriormente, tras su muerte, se vuelven a quemar públicamente sus obras. En vida Thomas Hobbes tuvo 2 grandes enemigos contra los que mantuvo fuertes tensiones: “La Iglesia de Inglaterra y la Universidad de Oxford”. La obra de Thomas Hobbes, no obstante, es considerada como línea de ruptura con la Edad Media. Su ya famosa afirmación en cuanto a que los seres humanos se despedazarían mutuamente si no existiese un Poder superior que organice y ordene a la sociedad (su célebre frase “homo homini lupus”, “el hombre es el lobo del hombre”) lo inscriben claramente en la corriente del denominado “pesimismo antropológico” (junto con Nicolás Maquiavelo); ya tiene una concepción trágica y “pesimista” de la naturaleza o condición humana, es decir, en el ámbito de quienes no creen en la “bondad innata” del ser humano y sostienen, por el contrario, que el ser humano librado a su propio capricho y a su propia suerte no es sino un animal considerablemente peligroso que, dadas ciertas circunstancias, puede volverse peligroso incluso para sus semejantes.

En este orden de cosas, es muy probable que, más allá de aciertos y desaciertos, más allá de argumentos certeros u opinables, lo que menos se le ha querido perdonar a Thomas Hobbes es su sinceridad. De hecho, fue un observador despiadadamente crítico y sensato de los acontecimientos de su tiempo y algunas de las sus descripciones que hace de la realidad de la época son casi brutalmente objetivas. Con su obra, Thomas Hobbes estableció las bases de la sociología científica moderna al tratar de aplicar a los seres humanos, como autores y materia de la sociedad. Estuvo siempre en contacto con la Real Sociedad de Londres, Sociedad Científica fundada en (1660). Los contactos que Hobbes tuvo con científicos de su época, que fueron decisivos para la formación de sus ideas filosóficas, le llevaron a fundir su preocupación por los problemas políticos y sociales con su interés por la geometría y el pensamiento de los filósofos mecanicistas. La época de Thomas Hobbes se caracteriza por una gran división política la cual confrontaba 2 bandos bien definidos:

•Monárquicos: Defendían la Monarquía Absoluta aduciendo que la legitimidad de ésta venía directamente de Dios.
•Parlamentarios: Afirmaban que la soberanía debía estar compartida entre el Rey y el pueblo.

Thomas Hobbes rechazó la concepción del “Derecho Divino de los Monarcas”. Al igual que para Nicolás Maquiavelo, el verdadero poder político no tiene nada que ver con lo divino o sobrenatural. Thomas Hobbes se mantenía en una postura neutra entre ambos bandos ya que si bien afirmaba que la soberanía está en el Rey, su poder no provenía de Dios. Con Thomas Hobbes, la política adquiere autonomía y secularización en Europa. La política no se desarrolla por voluntad divina, sino en virtud de causas naturales (humanas).

El pensamiento filosófico de Thomas Hobbes se define por enmarcarse dentro del materialismo mecanicista, corriente que dice que sólo existe un “cuerpo” y niega la existencia del alma. Thomas Hobbes elaboró su concepción filosófica como una “filosofía de los cuerpos y de los movimientos mecánicos de los cuerpos”. También dice que el ser humano está regido por las leyes del Universo. Criticando el dualismo cartesiano, denunciando el paso ilícito del “pienso” al “soy”, de lo contrario, de la proposición “yo paseo” se seguiría análogamente la existencia de una “substancia ambulante”, lo cual es ciertamente un absurdo.

El ser humano es un cuerpo y, como tal, se comporta a la manera como lo hacen el resto de los cuerpos-máquinas. El pensamiento o la conciencia no es una substancia separada del cuerpo: “La “entidad” corporal que somos, y su conocimiento de las cosas proviene y se reduce a la sensación”. En polémica con la teoría de Aristóteles sobre la sensación, Thomas Hobbes postula que ésta ha de explicarse también a partir de postulados materialistas y mecanicistas, como producto de los movimientos de los cuerpos (materia). El “apetito” y la “aversión” (repugnancia) provocan determinados movimientos y acciones en los cuerpos denominados “emociones”. Los sueños y la imaginación son explicados, así mismo, como reacciones a una gran variedad estímulos (corporales), tanto externos como internos. El cuerpo, por su parte, es el substrato de los accidentes que percibimos y que, al venir a presionar nuestros órganos de los sentidos, dejan como huella las imágenes, los “fantasmas” de Thomas Hobbes, que permanecen en nosotros cuando las cosas ya no están presentes. Los “cuerpos externos” (bodies) que están en movimiento vienen, entonces, a presionar nuestros sentidos y a provocar un cambio físico al interior de nuestro cuerpo, lo que (a su vez) es el origen de nuestras sensaciones, percepciones y, eventualmente, de nuestro conocimiento. Todo esto sucede porque en la naturaleza todo está, o es, en última instancia, movimiento. “Materia” y “Movimiento” es, entonces, todo lo que Thomas Hobbes necesita para explicar los fenómenos naturales, humanos o sociales con una misma ciencia física. En este contexto, el ser humano es un ser natural más, no es un ser que se distinga del resto de los seres naturales y, en consecuencia, debe entendérsele en los mismos términos que cualquier otro ente natural más.

La continuidad entre el movimiento natural y las pasiones de un ser humano es tal que casi no deja lugar a una diferencia específica que salve al ser humano y lo haga lucir como un ser especial. Las pasiones son en Thomas Hobbes “el principio de los movimientos voluntarios al interior del hombre”. Esta concepción fisicalista de las pasiones está conectada con el sensualismo hobbesiano en el plano epistemológico donde el conocimiento empieza con las impresiones sensoriales que alteran los órganos de los sentidos, y de ahí el movimiento continúa en las imágenes o fantasmas (phantasmas) de la mente para pasar, luego, a la imaginación o fantasía (fancy), para así (con estas imágenes) constituir un pensamiento basado en la sucesión de las imágenes. Los sentidos, a su vez, dejan en la mente una huella, las “imágenes”, sensaciones debilitadas por el paso del tiempo, los “fantasmas”. La imaginación está, así, constituida por las “imágenes”, resto de pasadas impresiones sensibles. La imagen es, entonces, una sensación desvaída por el paso del tiempo; y el pensamiento, una sucesión de imágenes en la memoria, cada una de las cuales es una representación o apariencia de un objeto fuera de nosotros.

Ahora bien, toda imagen provoca pasiones; la realidad concreta no nos es indiferente; los sentimientos de placer o de dolor son nuestra primera reacción a los estímulos del medio y, de ahí, provienen nuestras pasiones primarias, el “placer” y el “dolor”, y sus derivadas secundarias, como el “deseo” y la “aversión”, de donde surgen el “amor” y el “odio” y, luego, las pasiones terciarias, podríamos decir, como la “envidia” o la “admiración”. La imaginación y las pasiones por su naturaleza cambiante y fluida no parecen por sí solas ofrecer alguna garantía de orden o buen sentido ¿Cómo podríamos, entonces, introducir algún orden o sentido en esta sucesión de imágenes, o, cómo pueden las pasiones ser dirigidas a un fin? Las pasiones y su sucesión en la memoria constituyen un discurso pre-verbal pero discurso al fin y al cabo, es decir, una sucesión relativamente ordenada de imágenes que constituyen nuestro pensamiento. Decimos “nuestro pensamiento” para resaltar el carácter psicológico del pensamiento; esto es, el “imaginar/pensar” es individualista; no se puede pensar o imaginar lo universal, no hay una imagen de “Humanidad” por ejemplo, sino que de “un hombre, Sócrates”, por ejemplo.

Una sucesión de imágenes es todo lo que podemos recordar. En esta peculiar “anamnesis”, la memoria se sostiene, según el pensador inglés, en una “coherencia de la materia movida” que permitiría darle un sentido, una dirección, a la sucesión de imágenes. El orden impuesto a las imágenes, según Thomas Hobbes, se asemeja al ejemplo del dedo que mueve el agua derramada sobre una mesa. Sin embargo, de nuevo, uno tiene la sensación de que Hobbes oscila entre una explicación representacional sin sujeto; un puro reflejo del paso de las imágenes ante nuestra vista interior y una posición que admite un cierto sujeto, aunque sea implícitamente “¡El que mueve el dedo justamente!”. No tenemos otra explicación sobre esta renuencia a admitir un hecho (psicológico, tal vez; pero, un hecho al fin y al cabo) que atribuirla a su oposición al “cogito cartesiano”, a pesar que su doctrina respecto al tema de la sucesión de las imágenes pida a gritos un sujeto que ordene, organice, tales imágenes para que no sea sólo un puro desorden sin sentido alguno. Por eso mismo, podemos decir que, en este punto, Thomas Hobbes hace profesión de sensualismo al proponer como base de la ciencia la sucesión “sensación-imaginación-pensamiento”. Algo, según Thomas Hobbes, innato en nosotros y que sólo requiere esfuerzo y dedicación para alcanzar lo deseado.

Sin embargo, como la sucesión de imágenes no nos asegura coherencia (puesto que el olvido puede hacernos perder de vista lo vivido), por eso mismo es necesario detener, fijar, este flujo de imágenes y para eso está el “lenguaje”. El lenguaje tiene esta función recordatoria (mnemotécnica). Sin el lenguaje nos sería imposible pensar con coherencia. Mas cuando el lenguaje no es todo lo coherente y claro que podamos requerir, es el método el que puede venir en nuestro auxilio, aunque (según Thomas Hobbes) método sea lo que le falta a los hombres. Pero la dificultad que Thomas Hobbes parece no advertir es que ningún orden puede venir de un sujeto ausente de su filosofía ¿De dónde podría venir entonces? Al parecer de la “voluntad”, el deseo más fuerte. Cuando esto sucede, es decir, cuando tiene un sentido y está guiado por una voluntad fuerte, el orden impuesto al discurso mental permite darle un sentido; sentido que puede ser fijado por el lenguaje. Podemos entender, entonces, al discurso mental como el resultado de un pensamiento que ha podido ser puesto en palabras y al entendimiento como el producto de esta secuencia de imágenes.

El “entendimiento” según Thomas Hobbes no sería sino el nombre que ponemos al “producto” (matemático), resultado de la suma de imágenes. Este entendimiento, no sólo es guiado por la voluntad, que en Thomas Hobbes es sólo el deseo más fuerte, sino que está determinado, a su vez, por el lenguaje. Por eso afirma que el entendimiento (que es peculiar al ser humano) no es sólo guiado por la voluntad, sino que sus concepciones y pensamientos lo son por “la secuencia y contextura de los nombres de las cosas en afirmaciones, negaciones, y otras formas de discurso”. Entonces, el discurso verbal es el que articula y ordena el pensamiento y así, eventualmente, “ratio est oratio”, es transferir el discurso mental al verbal. Para Thomas Hobbes, todo pensamiento correcto no es sino un lenguaje bien hecho. El lenguaje permite fijar las sucesiones de imágenes pero, también, advertir las relaciones entre ellas, de forma tal que permite pasar de un discurso preverbal a uno verbal que articula, ordena la realidad. El lenguaje, entonces, produce conocimiento en la medida que el entendimiento es una concepción causada por el lenguaje.

Parece que el conocer es similar al asistir cada uno a una representación cinematográfica de su propia vida y mirar y ser conmovido por las imágenes que pasan ante sus ojos. Llega un momento en que la experiencia debe tornarse ciencia (ciencia del por qué ciertas secuencias de eventos están conectadas). Entramos, aquí, de lleno al tema de la causalidad. Thomas Hobbes prepara el terreno para el filósofo, economista e historiador inglés David Hume (1711- 1776) al determinar las causas como secuencias de imágenes, vale decir, de hechos psicológicos, pero hechos de todas maneras. Claro está que Thomas Hobbes no afirma que la causalidad sea una ilusión creada por hábitos mentales como sostiene David Hume. Thomas Hobbes es un filósofo con fe en la razón como el instrumento para comprender cómo suceden las cosas. No obstante, introduce una distinción interesante en el tema al sostener que la secuencia de pensamientos regulados es de 2 clases, cuando de un efecto imaginado buscamos las causas, o medios que lo produjeron; y esto es común al ser humano y a las bestias. La otra es, cuando imaginamos cualquier cosa que sea, y buscamos todos los posibles efectos, que pueden por él ser producidos; esto es, imaginamos qué podemos hacer con ello cuando lo tengamos.

Este tipo de entendimiento que podría ser llamado “prospectivo” (sostiene Thomas Hobbes) sólo se halla en el ser humano y es lo que lo distingue ya que el discurso de la mente, cuando es gobernado por un diseño, no es nada más que una búsqueda o la facultad de la invención que los latinos llaman “sagarcitas” y “solertia”, una cacería de las causas de algún efecto presente o pasado o, a partir de causas presentes o pasadas, la búsqueda de (sus) efectos. De esta forma, Thomas Hobbes diluye la distinción entre la “vida contemplativa” y la “vida activa”, ya que los deseos ponen en acción el pensamiento y éste se pone a su servicio y se ordena, incluso, metodológicamente para conseguir lo que se desea. Más aún, la realidad se hace inteligible justamente a la medida de los deseos humanos.

Thomas Hobbes establece que cuando en la mente del ser humano surgen alternativamente los apetitos y temores que conciernen a una y la misma cosa y diversas consecuencias buenas y malas de nuestros actos u omisiones respecto de las cosas propuestas acuden sucesivamente a nuestra mente, de tal modo que a veces sentimos un apetito hacia ellas, otras una aversión, en ocasiones una esperanza de realizarla, otras veces una desesperación o temor de no alcanzar el fin propuesto, “la suma entera de nuestros deseos, aversiones, esperanzas y temores, que continúan hasta que la cosa se hace o se considera imposible, eso es lo que llamamos deliberación”. La deliberación no es otra cosa, entonces, sino la suma de nuestras pasiones, más bien, el “producto” (en términos matemáticos) de nuestra suma (o resta) de pasiones. En consecuencia, no tenemos un control sobre ellas. Somos nuestras pasiones podríamos decir con Thomas Hobbes y, justamente, “pasión” viene del latín “passio”, “lo que nos pasa”. La voluntad no puede imponerse sobre las pasiones y darles un orden, ya que no se puede ejercer, no es una facultad de la que podamos hacer uso. La voluntad, no es una “facultad” sino un “acto”. Ni siquiera un “acto que hacemos” sino que “nos pasa”, ya que es una “pasión que se nos impone por su ímpetu”, es nuestro “último deseo” (last will).

Entonces, “¿Cuál es la relación entre el pensamiento y los deseos?”, “¿Hay algún principio que pueda poner orden a las pasiones?”. Thomas Hobbes parece encontrarlo en el poder. El “poder” sería el que unifica y dirige nuestras pasiones y el “poder no es nada más que un deseo fuerte de dominar”, (una “cupiditas dominandi”) presente en algún grado en todos los seres humanos, de forma tal que estos parecen dividirse entre los que tienen un gran deseo de poder (los ambiciosos) y los que no tienen ningún deseo de poder que prefieren vivir una vida tranquila y dejarse gobernar por otros. Pero Thomas Hobbes no se decide a constituir una antropología ni sobre la base de este deseo fuerte de dominar ni sobre la base del miedo a la libertad de los débiles o pusilánimes. Siendo las pasiones el principio de los movimientos interiores del ser humano (de su vitalidad), ¿Cuál será, entonces, la relación entre los pensamientos y los deseos? ¿Pensar acerca de ellos, reflexionar sobre su conveniencia o no conveniencia? En ningún caso “Los pensamientos (según Thomas Hobbes) son, con respecto a los deseos, como exploradores (scouts) que es preciso situar para que se adelanten y nos adviertan sobre los mejores caminos para alcanzar las cosas deseadas”. De esta forma, podemos advertir que los pensamientos están al servicio de los deseos y que estos deseos mueven al pensamiento.

Thomas Hobbes parece no poder decidirse entre una concepción del ser humano como un ser pasional que se mueve por impulsos, y la de un ser racional que delibera sobre los pros y los contras de sus posibles acciones, pudiendo haber intentado construir una “lógica pasional-racional” a partir de su intuición de que los pensamientos se adelantan a nuestros deseos en búsqueda de las cosas que deseamos tener. El problema pasa al parecer, finalmente, por la incapacidad de Thomas Hobbes de establecer una conexión entre pasión y razón, de forma tal que podamos entender el hombre puede llegar desde ciertas pasiones a la claridad racional necesaria para establecer normas objetivas y obligarse a cumplirlas. La razón dicta normas, las leyes de la naturaleza, como resultado de una “inferencia basada en las pasiones” (sostiene Thomas Hobbes), pero si la deliberación no es otra cosa sino una pugna pasional en que la pasión más fuerte es nuestra última voluntad, se entiende que la solución al conflicto natural no pueda ser otro que el establecimiento de un poder absoluto.

El Universo es concebido por Thomas Hobbes como una gran “máquina corpórea”, donde todo sigue las estrictas leyes del “Mecanicismo”, según las cuales, cualquier fenómeno ha de explicarse a partir de elementos meramente cuantitativos: “La materia (extensión), el movimiento y los choques de materia en el espacio”. El determinismo de Thomas Hobbes se fundamenta en un “método racionalista de carácter matemático y geométrico” (el método del filósofo, matemático y físico francés René Descartes), que parte de la hipótesis de que las partes de un todo (materiales, engendradas y entendidas como causas) han de descomponerse y explicar el conjunto o las partes en su totalidad. La Teología queda excluida del ámbito de la Filosofía (por no estar compuestas sus partes de elementos corpóreos engendrados), abarcando exclusivamente la “geometría”, una “filosofía de la sociedad” y la “física”, aunque esta última únicamente pueda proporcionar conocimientos basados en la mera probabilidad, no necesarios, como posteriormente defenderá el más consecuente y radical de los empiristas ingleses: “David Hume”.

En estos 2 conceptos su pensamiento es parecido al del filósofo, teólogo y escritor holandés Baruch Spinoza (1632-1677), sin embargo se diferencia en gran medida de Baruch Spinoza al afirmar que el ser humano es como una máquina, ya que según Thomas Hobbes, el ser humano se mueve continuamente para alcanzar sus deseos; este movimiento se clasifica en 2 tipos: “De acercamiento, el ser humano siempre se acerca a las cosas que desea y de alejamiento, el hombre se aleja de las cosas que ponen en peligro su vida. Así dice que la sociedad está siempre en movimiento”.

Escribió “Leviatán o la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil”, un manual sobre la naturaleza o condición humana y como se organiza la sociedad. Partiendo de la definición del ser humano y de sus características explica la aparición del Derecho y de los distintos tipos de gobierno que son necesarios para la convivencia en la sociedad. Thomas Hobbes concibe al ser humano como un ser fundamentalmente antisocial y egoísta. Esto sucede porque, según Thomas Hobbes, todos los seres humanos tienen las mismas capacidades y las mismas esperanzas de conseguir los fines que le apetecen. Como no todos pueden gozar de las mismas cosas, se convierten en enemigos naturales. Hay 3 principales causas:
1) Desconfianza.
2) Competencia.
3) Deseo de Fama y Gloria.

La competencia hace que quieran ganancia. La desconfianza hace que quieran seguridad. El deseo de fama y gloria hace que quieran reputación.

La visión de Thomas Hobbes del “estado de naturaleza” anterior a la organización social es la “guerra de todos contra todos” (bellum erga omnes), en donde “el hombre es un lobo del hombre” (homo homini lupus). La guerra de todos contra todos no es sólo por la propiedad de ciertos bienes sino, también, por sobre quién tiene la razón respecto del bien y del mal, de lo justo o injusto; es decir, sobre quién decide en materia de juicios morales. La vida del ser humano en el estado de naturaleza es solitaria, pobre, brutal, sucia y breve.

El origen del Estado y de la sociedad civil es el “pacto que realizan todos los seres humanos entre sí”, subordinándose desde ese momento a un poder absoluto, el cual procura por el bien de todos los súbditos y de él mismo. De esa forma se conforma la organización social.

Thomas Hobbes habla del “derecho de naturaleza”, como la “libertad de utilizar el poder que cada uno tiene para garantizar la auto-conservación”. Cuando el ser humano se da cuenta de que no puede seguir viviendo en un “estado de guerra civil continua”, surge la ley de naturaleza, que limita al ser humano a no realizar ningún acto que atente contra su vida o la de los otros. De esto se deriva la segunda ley de naturaleza, en la cual cada ser humano renuncie y transfiere sus derechos propios a un poder absoluto (el Gobernante, Soberano o Monarca) para que sea el “juez supremo” en cuestiones ético-morales y poner fin de esta manera a los conflictos morales y políticos entre los seres humanos y le garantice el estado de paz. El Gobernante, Soberano o Monarca no lo es por haberle sido otorgado una gracia divina. Tampoco lo es por la pura y simple fuerza (arbitrariedad). El Gobernante, Soberano o Monarca es la personificación no simbólica sino ejecutiva, del Derecho Natural de los seres humanos a la “autopreservación”. Así surge el “Contrato Social” en Thomas Hobbes.

La moral es, entonces, una cuestión de conveniencia, que se torna convencional con el tiempo. Y esto es así porque no hay nada en las cosas que permita establecer una regla absoluta. En su estado de naturaleza el individuo es la medida de todas las cosas. No obstante, es curioso cómo este fundador del Derecho Natural Moderno afirme que no hay nada en las cosas que permita establecer una norma absoluta y que todo en el fondo depende del individuo y, más aún, de sus odios, deseos o aversiones (de sus pasiones). Un ser humano movido por sus pasiones (y cuyos pensamientos están al servicio de sus deseos) sólo puede ser feliz en la medida que alcance las cosas deseadas. La felicidad no consiste, entonces, ni en la vida contemplativa de los antiguos ni en la beatitud del Judeocristianismo, sino que en el éxito continuo en obtener lo que se desea en esta vida.

El “poder” es un tema central, para el reconocido fundador del pensamiento político moderno. Sin embargo, en Thomas Hobbes “el poder no es sólo un tema político, sino un tema humano y social”. Si el poder consiste en tener, o aparentar tener, ciertos atributos o talentos que permiten obtener más poder y, en consecuencia, más medios para alcanzar lo que se desea, el poder ayuda a la felicidad (ya que ésta no es otra cosa que obtener lo que se desea), “¿No es esto algo más pasional que racional?”, “¿Hay alguna forma de establecer una conexión entre las pasiones y la razón?”.

Thomas Hobbes define la razón como un “cómputo”, vale decir, como una suma o resta de nombres o afirmaciones (o, más bien, de las consecuencias de esas afirmaciones). Se suman o se restan palabras o proposiciones en el plano lógico. Se suman o se restan pactos en el plano político; pero no hay algo así como suma o resta de pasiones en su nueva lógica. En el “De Corpore” o el “De Cive” donde se puede decir que Thomas Hobbes piensa sumando y restando, Thomas Hobbes no parece plantearse una nueva lógica pasional. Es más, Thomas Hobbes parte de una concepción de la lógica que aparece como nueva, ya que tradicionalmente ha sido entendida como el estudio del pensamiento correcto pero éste hace depender la lógica más bien del lenguaje correcto.

La lógica de Thomas Hobbes no es la lógica clásica con sus leyes del pensamiento correcto, sino que es una nueva lógica, la del “cálculo”: “Cálculo de las posibilidades de éxito o fracaso en la obtención de lo que se desea. En el caso de las obligaciones políticas, el individuo se está preguntando constantemente si le conviene obedecer la ley o si le es más conveniente no hacerlo”. A esta lógica se la ha llamado en política, la “lógica del self-interest” (lógica o razón instrumental), también se la ha calificado de “egoísta” o “individualista” porque el pensamiento está al servicio de los deseos de cada persona.
Junto con los “Dos Tratados sobre el Gobierno Civil” del filósofo, teólogo, economista y médico inglés Jhon Locke (1632-1704) y “El Contrato Social” del filósofo, escrito y pedagogo francés Jean Jacques Rousseau (1712-1778), el “Leviatán o la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil” es una de las primeras obras de entidad que abordan el origen de la sociedad.

Obras: “El Leviatán”; “De Cive”; “De Homine”; “De Corpore”; “Objeciones a las Meditaciones Cartesianas”; “Elementos del Derecho Natural y Político”; “De la Libertad y la Necesidad”, “Behemoth: Historia de las Causas de la Guerra Civil en Inglaterra; “Diálogos entre un filósofo y un estudiante de Derecho consuetudinario inglés”; “Historia Eclesiástica”; “Tratado Óptico”

ESTATUA DE ALEJANDRO MAGNO


Alejandro III de Macedonia, más conocido como Alejandro Magno Pella, (20 ó 21 de julio de 356 a.n.e. – Babilonia, 10 ó 13 de junio, de 323 a.n.e.). Político y geoestratega griego, Rey de Macedonia desde 336 a.n.e. hasta su muerte. Hijo y sucesor de Filipo II de Macedonia. Filipo le había preparado para reinar, proporcionándole una experiencia militar y encomendando a Aristóteles su formación intelectual. Alejandro Magno dedicó los primeros años de su reinado a imponer su autoridad sobre los pueblos sometidos a Macedonia, que habían aprovechado la muerte de Filipo para rebelarse. Y enseguida (en el 334 a.n.e.) lanzó a su ejército contra el poderoso y extenso Imperio Persa, continuando así la empresa que su padre había iniciado poco antes de morir: una guerra de venganza de los griegos (bajo el liderazgo de Macedonia) contra los persas.

En su reinado de 13 años, cambió por completo la estructura política y cultural de la zona al conquistar el Imperio Aqueménida y dar inicio a una época de extraordinario progreso e intercambio cultural, en la que lo griego se expandió por los ámbitos mediterráneo y próximoriental. Es el llamado Período Helenístico (323–30 a.n.e.) Tanto es así, que sus hazañas le han convertido en un mito y, en algunos momentos, en casi una figura divina, posiblemente por la profunda religiosidad que manifestó a lo largo de su vida.

Tras consolidar la frontera de los Balcanes y la hegemonía macedonia sobre las ciudades-estado de la antigua Grecia, poniendo fin a la rebelión que se produjo tras la muerte de su padre, Alejandro cruzó el Helesponto hacia Asia Menor (334 a.n.e.) y comenzó la conquista del Imperio Persa, regido por Darío III. Victorioso en las batallas de Gránico (334 a.n.e.), Issos (333 an.e.), Gaugamela (331 a.n.e.) y de la Puerta Persa (330 a.n.e.), se hizo con un dominio que se extendía por la Hélade, Egipto, Anatolia, Oriente Próximo y Asia Central hasta los ríos Indo y Oxus. Habiendo avanzado hasta India, donde derrotó al rey Poro en la batalla del Hidaspes (326 a.n.e.), la negativa de sus tropas a continuar hacia Oriente le obligó a retornar a Babilonia, donde falleció sin completar sus planes de conquista de la Península Arábiga. Con la llamada "política de fusión", Alejandro promovió la integración de los pueblos sometidos a la dominación macedonia promoviendo su incorporación al ejército y favoreciendo los matrimonios mixtos. Él mismo se casó con 2 mujeres persas de noble cuna.

El conquistador macedonio falleció en circunstancias oscuras, dejando un imperio sin consolidar. El control sobre diversas regiones era débil en el mejor de los casos, y había partes del Norte de Asia Menor que jamás se hallaron bajo dominio macedonio. Al morir sin nombrar claramente un heredero, le sucedió su medio hermano Filipo III Arrideo (323–17), que era deficiente, y su hijo póstumo Alejandro IV (323–9). Meros figurones, el verdadero poder estuvo en manos de sus generales, los llamados diádocos (sucesores), que iniciaron una lucha despiadada por la supremacía que conduciría al reparto del imperio de Alejandro y su fraccionamiento en una serie de reinos, entre los cuales acabarían imponiéndose el Egipto Ptolemaico, el Imperio Seléucida y la Macedonia Antigónida.

Alejandro Magno es el mayor de los iconos culturales de la Antigüedad, ensalzado como el más heroico de los grandes conquistadores, un segundo Aquiles, o vilipendiado como un tirano megalómano que destruyó la estabilidad creada por los persas. Su figura y legado ha estado presente en la historia y la cultura tanto de Occidente como de Oriente a lo largo de más de 2 milenios, y ha inspirado a los grandes conquistadores de todos los tiempos, desde Julio César hasta Napoleón Bonaparte.

CUADRO SOVIÉTICO DE VLADIMIR LENIN



"Dios es, histórica y cotidianamente, sobre todo, un complejo de ideas engendradas por la bestialización del hombre y por la naturaleza que lo rodea, así como el yugo de clase; ideas que sirven para afianzar la opresión y adormecer la lucha de clases. La impotencia de las clases explotadas en su lucha contra los explotadores, engendra la fe en una vida mejor más allá de la muerte, tan inevitable como la impotencia del salvaje en su lucha con la naturaleza engendra la fe en los Dioses, los demonios, los milagros, etc. A aquel que trabaja y padece miseria toda su vida, la religión le enseña a ser humilde y resignado en la vida terrenal y a reconfortarse en la esperanza del premio celestial". (Vladímir Ilich Uliánov Lenin 1870-1924. político y filósofo materialista, marxista y ateo ruso).

"La religión es una de las variedades de la opresión espiritual que pesa siempre y en todas partes sobre las masas populares, abrumadas por un permanente trabajo para otros, por la miseria y por su estado de aislamiento". (Vladímir Ilich Uliánov Lenin 1870-1924. político y filósofo materialista, marxista y ateo ruso).

Vladímir Ilich Uliánov Lenin (1870-1924). Político y filósofo materialista, marxista y ateo ruso. Principal dirigente de la Revolución Rusa o Revolución de Octubre (1917) y fundador de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) en (1922).

Nacido en Simbirsk, Rusia, hijo de Iliá Nikoláyevich Uliánov (1831-1886), un funcionario civil ruso, director de escuelas, y más tarde Consejero de Estado del Zar Nicolás II, puesto en el que trabajó para incrementar la democracia y extender la educación gratuita en Rusia. Con numerosos hermanos, entre ellos Aleksandr (de tendencia anarquista), quien fue ejecutado en (1887) por atentar contra el Zar Alejandro III.

Como muchos rusos, fue una mezcla entre la etnia y las tradiciones religiosas. Tenía ascendencia calmuca por parte de su padre, de alemanes del Volga por parte de su abuela materna, que eran luteranos, y ascendencia judía por su abuelo materno (convertido al cristianismo). El mismo Vladímir Iliich Uliánov fue bautizado por el rito de la Iglesia Ortodoxa Rusa.

De pequeño se le llamaba Volodia (diminutivo de Vladímir) y mostró don de pensamiento elaborado y profundo, asertivo, poco afectivo y sarcástico. De mente muy lógica, se mostró excelente estudiante desde su más tierna infancia.

Vladímir Ilich Uliánov Lenin se distinguió en el estudio del latín y el griego. Pasó por dos tragedias en su juventud: "En (1886) su padre murió de una hemorragia cerebral". Al año siguiente, en mayo de (1887), su hermano mayor, Aleksandr Uliánov, fue detenido y fusilado. Aleksandr Kérenski escribió que "la ejecución de un hermano como Aleksandr Uliánov hubiera tenido necesariamente un efecto demoledor y destructivo sobre cualquier mente normal". Sin embargo, según el historiador Robert K. Massie, el efecto que tuvo la muerte de su hermano es un tema discutible.

El mismo año de la ejecución de su hermano Aleksandro, Vladímir Ilich Uliánov Lenin termina sus estudios en el liceo de Simbirsk (con medalla de oro). En junio, ingresa en la Facultad de Derecho de la Universidad de Kazán, donde se traslada con toda su familia. En Kazán, Vladímir Ilich Uliánov Lenin entra en contacto con círculos revolucionarios y es detenido en diciembre del mismo año.

El (7 de diciembre de 1887), Vladímir Ilich Uliánov Lenin es deportado a Kokúshkino, una aldea en la Provincia de Kazán, y puesto bajo vigilancia policial. Rechazadas por las autoridades sus peticiones de readmisión en la Universidad de Kazán, así como de cursar estudios en el extranjero, al final obtiene el permiso para regresar a Kazán en octubre. De nuevo en Kazán, Vladímir Ilich Uliánov Lenin se ocupa en el estudio de "El Capital" de Karl Heinrich Marx, e ingresa en un círculo marxista organizado por N. E. Fedoséyev. El año siguiente, instalado en Samara, es detenido en relación con su pertenencia a este círculo.

En junio de (1890), y tras varias solicitudes rechazadas, se le autoriza a examinarse como externo en las asignaturas de Derecho por la Universidad de San Petersburgo. En enero de (1892) consigue su diploma universitario, y ejerce como pasante de abogado en Samara. Durante este tiempo actuará como defensor en diversas causas. En julio de este año, y tras repetidas solicitudes al Tribunal Comarcal de Samara y al Departamento de Policía, obtiene la certificación que le da derecho a ejercer la abogacía lo que resta del año, siéndole renovada el año siguiente. Durante este tiempo escribirá algunos textos contra los populistas (naródniki) que leerá en los círculos marxistas.

En (1893) se traslada a San Petersburgo, deteniéndose en el camino en Nizhni Nóvgorod y en Moscú, donde se pone en contacto con diversos grupos marxistas. En San Petersburgo ejerce como pasante. Ese año escribe Acerca de la llamada cuestión de los mercados, que lee en los círculos marxistas.

En (1894) se traslada a Moscú, donde continuará su relación con los círculos marxistas y obreros, y seguirá trabajando en el plano teórico en contra de las ideas de los populistas. Contra ellos escribe sus obras "Quiénes son los "amigos del pueblo" y cómo luchan contra los socialdemócratas" (1894) y "El contenido económico del populismo y su crítica en el libro del señor Struve" (1894-1895). Por esta época comienzan sus primeros viajes por Europa, analizando los procesos revolucionarios del Viejo Continente. En (1896), sus actividades revolucionarias le ocasionarán el encarcelamiento y su destierro a Siberia (en 1897), donde pasará tres años de su vida. En Siberia, en (1898), contraerá matrimonio con Nadezhda Krúpskaya. También dedicará este tiempo a redactar su voluminoso trabajo El desarrollo del capitalismo en Rusia.

En (1903), presentará sus tesis en el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, que servirán para establecer un primer distanciamiento entre la fracción bolchevique y la menchevique. Posteriormente, durante la revolución de (1905), viajará desde Suiza en un tren oculto, para intentar extender el fuego revolucionario y, al no conseguirlo, optará por exiliarse en Finlandia, para pasar después una vez más a Suiza.

En el clima de reacción de los años posteriores a la revolución fallida de (1905), empezó a ejercer influencia entre los círculos socialistas rusos y alemanes una nueva filosofía, el Empiriocriticismo. Sus principales representantes fueron Ernst Mach y Richard Heinrich Ludwig Avenarius. Se trataba de una filosofía pretendidamente marxista, que buscaba abandonar el Materialismo inspirándose en la reciente crisis de la física y en filosofías basadas en el método científico, como el Positivismo. El enfrentamiento de Lenin a esta filosofía, que calificaba de idealista y de sucesora del berkeleísmo, se concretó en una de sus más importantes obras filosóficas: "Materialismo y Empiriocriticismo" (1908).

Con el inicio de la Primera Guerra Mundial su figura política se expande, al propugnar la oposición de la socialdemocracia alemana a la misma, y le convierte en una figura clave en Rusia, cuando la evolución de la contienda se muestra abiertamente desfavorable para su país. Tras la inesperada revolución de febrero, que culmina en la abdicación del Zar, comienza a fraguarse un proceso revolucionario que se resolvería en el mes de noviembre (octubre por el viejo calendario).

La revolución de febrero sorprende a Vladímir Ilich Uliánov Lenin exiliado en Suiza. Con la escasa fuente de información de que disponen los emigrados rusos (fundamentalmente, la prensa legal), Vladímir Ilich Uliánov Lenin se lanza a aventurar una explicación de sus fundamentos y causas.

En el primer acto de la revolución han confluido 3 fuerzas:
1). La monarquía zarista, tradicionalista, cabeza de los terratenientes feudales, cabeza de la vieja burocracia y del generalato.
2). La burguesía, que detenta el verdadero poder económico, y que se ha organizado con rapidez desde (1905).
3). El Soviét.

En marzo, bajo presiones de los generales y oficiales del ejército, Nicolás II abdicó y se formó un gobierno provisional de tipo burgués. Ambos acontecimientos fueron forzados por la necesidad de que un gobierno moderado aplacase los vientos de subversión y otorgase algunas concesiones, a cambio de seguir sosteniendo la guerra con los alemanes. Pero, como apunta Vladímir Ilich Uliánov Lenin, la abdicación del Zar no suponía de hecho una contradicción en el régimen (en todo caso, se trataba de un desencuentro meramente transitorio), sino más bien un cierre de filas entre la burguesía que reclamaba su hora, y las fuerzas representadas por la monarquía. En la práctica, pese a su discurso republicano, la burguesía necesitaba mantener el trato con la monarquía. Por eso, la restauración aún amenazaba en el horizonte.

Frente a las fuerzas del gobierno y de la monarquía, Vladímir Ilich Uliánov Lenin apuesta aquí por el Soviet. El gobierno provisional es incapaz de ignorar los intereses tanto de la burguesía rusa como del capital extranjero representado por los gobiernos de la Entente. Por tanto, es incapaz de firmar una paz con Alemania. El gobierno provisional tampoco puede enfrentarse a los terratenientes y entregar la tierra a los campesinos y a los obreros del campo. Siendo así, la única salida posible para esta situación pasa por el Soviet, el único garante por entonces (y mientras durase la dualidad de poderes) de la libertad popular, y que mantiene al gobierno a la defensiva ofreciendo concesiones que intenten paliar el descontento y la miseria que la guerra mundial aún provoca.

En definitiva, en esta época Vladímir Ilich Uliánov Lenin piensa en los siguientes términos:

a). Expulsados los Románov, tenemos un Estado de corte burgués similar a los de la Europa occidental (e igualmente militarista).
b). Este Estado burgués, sin embargo, se encuentra con las manos atadas porque existe una institución popular, el Soviet, que en Petrogrado ejerce el verdadero poder y contra el que el Estado es incapaz de imponerse mediante la represión.
c). Este poder, sin embargo, ha cedido voluntariamente hasta ahora el poder del Estado a la burguesía.

En estas condiciones, la minoría bolchevique debe abogar porque el Soviet avance definitivamente hacia la apropiación del poder del Estado.

Vladímir Ilich Uliánov Lenin llega a Petrogrado la noche del (3 de abril de 1917): El día siguiente presenta, sin apenas conocimiento de la situación concreta en el territorio ruso y por su cuenta y riesgo, sus célebres "Tesis de Abril". En estas tesis, Vladímir Ilich Uliánov Lenin aborda las siguientes cuestiones:

1). Rechazo de la guerra imperialista, sometida a los intereses del capital. Estos mismos intereses hacen imposible una paz que sea realmente democrática, no impuesta por la fuerza, y sin anexiones.
2). En Rusia se ha pasado de la primera etapa de la revolución (que da el poder a la burguesía) a la segunda, que debe poner ese poder en manos del proletariado y de los campesinos pobres.
3). Desenmascarar el Gobierno Provisional como gobierno de capitalistas, y negarles todo apoyo.
4). Reconocimiento de que el Partido se encuentra en minoría en los Soviets. Necesidad por tanto de explicar y difundir sus posturas, desde una minoría crítica.
5). Reivindicación no de una República Parlamentaria, sino de una República de los Soviets. Dentro de la cual se supriman policía, ejército y burocracia, sin que la remuneración de todos los funcionarios exceda nunca el sueldo de un obrero cualificado.
6). Reforma agraria. Confiscación de las tierras de los terratenientes. Nacionalización de todas las tierras que se pondrán a disposición de los Soviets locales.
7). Fusión de los bancos en un banco único bajo el control de los Soviets.
8). Prioridad del control democrático de la producción y distribución por parte de los Soviets, antes que "implantación" inmediata del socialismo.
9). Como tareas del Partido: (a) Celebración de un nuevo Congreso. (b) Modificación del programa en relación con la posición ante el imperialismo y ante el Estado, y reforma del programa mínimo. (c) Cambio de denominación del Partido, que ha de pasar de "Socialdemócrata" a la de Comunista.

En este momento, fue cuando Vladímir Ilich Uliánov Lenin se encontró completamente solo. El ala derecha de su partido lo acusa de anarquismo, de aventurerismo y de apelar a una guerra civil. El ala izquierda se apropia de las "Tesis de Abril" para convertirlas en un programa inmediato para derrocar al gobierno provisional. En realidad, por las circunstancias en que se pronunciaron y por la actitud posterior del propio Vladímir Ilich Uliánov Lenin (que se alió con esa ala derecha y en contra de los izquierdistas durante la conferencia de abril del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia), parece más sensato inclinarse por una interpretación menos tajante. Las "Tesis de Abril" pretenden ir poniendo sobre la mesa un programa de medio-largo plazo, una trayectoria política que se debe ir siguiendo durante los meses posteriores.

Tras un alzamiento fallido en julio, se desatan las persecuciones y el propio Vladímir Ilich Uliánov Lenin tiene que huir a Finlandia, donde se encontrará hasta su regreso en octubre. Aprovechará estos meses para redactar su importante obra "El Estado y la Revolución", que había de sentar las bases teóricas respecto de la toma del poder del Estado, la transformación del Estado burgués en un Estado socialista (compuesto esencialmente por los órganos de masas: Soviets de obreros, soldados, etc.), y la extinción de éste como paso progresivo hacia el comunismo.
A su vuelta se inicia el proceso que culminará el 7 de noviembre (según el Calendario Gregoriano) con la toma del palacio de Invierno. Y el 8 de noviembre Vladímir Ilich Uliánov Lenin fue elegido Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo por el Congreso de los Soviets de Rusia.

Una vez elegido Premier y ante el peligro de una invasión alemana, Vladímir Ilich Uliánov Lenin argumentó que Rusia debía firmar de forma inmediata un tratado de paz. Otros líderes bolcheviques como Bujarin abogaban por la continuación de la guerra como forma de fomentar la revolución en Alemania. León Trotski, quien lideraba las negociaciones, optaba por una postura intermedia, postulando un tratado de paz que no implicara ganancias territoriales para ninguna de las partes. Cuando las negociaciones se colapsaron, Alemania lanzó una invasión que resultó en la pérdida de muchos territorios del oeste de Rusia. Como resultado de este giro de los acontecimientos, las posiciones de Vladímir Ilich Uliánov Lenin obtuvieron el apoyo de la mayoría de los líderes bolcheviques, y Rusia firmó el Tratado de Brest-Litovsk en términos desventajosos (marzo de 1918). El Partido Bolchevique fue renombrado como Partido Comunista de Rusia (Bolchevique), que posteriormente se convirtió en el Partido Comunista de la Unión Soviética.

Aceptando que los soviets eran la única forma de un gobierno obrero legítimo, Vladímir Ilich Uliánov Lenin abolió la Asamblea Constituyente Rusa. Los bolcheviques perdieron la votación entonces, ganando las elecciones el Partido Socialista Revolucionario, aunque dividido en facciones pro y anti soviets. Los bolcheviques, aliados con los socialrevolucionarios de izquierda, tenían el apoyo mayoritario en el Congreso de los Soviets, y formaron coalición de gobierno con el ala izquierda del Partido Socialista Revolucionario. Sin embargo, la coalición se hundió tras la oposición de los Social Revolucionarios al Tratado de Brest-Litovsk, que se unieron a otros partidos buscando derrocar al Gobierno Soviético. La situación degeneró con todos los partidos no bolcheviques (incluyendo los grupos socialistas) buscando de forma activa el derrocamiento del poder de los Soviets.

El (30 de agosto de 1918), Fanni Kaplán, miembro del Partido Socialista Revolucionario, se aproximó a Lenin después de que éste hubiera hablado en un mitin y mientras se dirigía a su coche. Le llamó la atención y cuando Vladímir Ilich Uliánov Lenin se volvió a responder, le disparó 3 tiros, 2 de los cuales impactaron en un hombro y en un pulmón. Lenin fue transportado a sus apartamentos privados en el Kremlin y rehusó ser ingresado en un hospital, creyendo que otros asesinos podrían esperarlo allí. Se llamó a varios doctores, pero éstos decidieron que era demasiado peligroso extraer las balas. Vladímir Ilich Uliánov Lenin se recuperó, pero su salud se resintió a partir de este suceso y se cree que este incidente contribuyó a sus últimos infartos.

En marzo de (1919), Vladímir Ilich Uliánov Lenin y otros líderes bolcheviques junto a varios marxistas revolucionarios de todo el mundo crearon la Tercera Internacional, también conocida como Internacional Comunista, o Komintern, cuyos miembros, incluyendo a Vladímir Ilich Uliánov Lenin y a los mismos bolcheviques, se escindían del más amplio movimiento socialista identificado con la Segunda Internacional. A partir de este momento serían conocidos como comunistas.

Mientras tanto, una guerra civil asolaba Rusia. Una amplia variedad de movimientos políticos y sus seguidores tomaron las armas para apoyar o derrocar al gobierno soviético. A pesar de que había muchas facciones diferentes involucradas en la guerra civil, las 2 fuerzas principales fueron el Ejército Rojo formado y dirigido por León Trotski (Comunista) y el Ejército Blanco, formado por una relativa minoría adepta o partidaria al antiguo régimen zarista (o en algunos casos contraria al recién constituido) impulsado por poderosos líderes militares como Kolchak, Denikin y Yudénich, pero que recibiría el apoyo abrumador y decisivo de potencias extranjeras como Francia, Gran Bretaña, Canadá, EUA y Japón, además de otros 16 países, que intervendrían también en esta guerra (en apoyo del Ejército Blanco). El Ejército Rojo ganó la guerra, derrotando a las fuerzas de la Rusia Blanca y sus aliados en (1920) (a pesar de esto, algunos islotes de pequeñas tropas continuarían la lucha durante muchos años más).

En los últimos meses de (1919), los éxitos contra las fuerzas del Ejército Blanco convencieron a Vladímir Ilich Uliánov Lenin de que era el momento de extender la revolución hacia el Oeste, por la fuerza si fuera necesario. Cuando la recién independizada Segunda República de Polonia comenzó a asegurar sus territorios orientales, anexionados por Rusia en las particiones de Polonia a finales del s. XVIII, se enfrentó a las fuerzas bolcheviques por la dominación de estas áreas, lo que contribuyó al estallido de la Guerra Polaco-Soviética de (1919). Con la revolución alemana y la Liga Espartaquista en pleno auge, Vladímir Ilich Uliánov Lenin vio esto como la oportunidad perfecta para penetrar en Europa con las bayonetas del Ejército Rojo. Vladímir Ilich Uliánov Lenin veía a Polonia como el puente que el Ejército Rojo debía cruzar para unir la Revolución rusa con los seguidores comunistas de la Revolución Alemana, y para ayudar a otros gobiernos comunistas en Europa Occidental. La derrota de la Rusia Soviética en la guerra polaco-soviética, sin embargo, invalidó estos planes.

A estas alturas ya había conducido a la muerte o al presidio, con la colaboración de León Trotski, a casi todos los anarquistas de Rusia, por promover, según los bolcheviques, revueltas contra el gobierno soviético, especialmente entre el campesinado, y la apropiación privada del excedente de grano por parte del kulak y determinadas fábricas de la industria por parte de grupos de trabajadores aislados, bajo la apariencia de cooperativas y comunas libertarias o sóviets libres, independientes de todo poder del Estado, al que consideraban un factor de opresión con independencia de su carácter de clase obrera. Buscaron así la forma de destruir, cuando no controlar, todas aquellas organizaciones anarquistas (consideradas por ellos de influencia pequeñoburguesa) que promovieron motines, la insubordinación o levantamientos contra la República de los Sóviets en los momentos de mayor dificultad de la Guerra Civil y post-guerra rusas, durante la política del comunismo de guerra. Dejaron existir tan sólo a algunas pequeñas agrupaciones, bajo control y vigilancia del Estado, siempre y cuando aceptaran y se sometieran a la autoridad del poder soviético, y, por supuesto, a todas aquellas corrientes, minoritarias, del Anarquismo y Anarco-Sindicalismo Ruso que terminaron por apoyar decididamente su bando. Durante la Revolución Rusa la literatura anarquista fue incinerada y locales de reunión de uniones libertarias fueron clausurados para, de ese modo, destruir todo atisbo de Socialismo catalogado contrarrevolucionario. La represión ideológica les llegaría a las agrupaciones políticas, como el Partido Socialista Revolucionario, a principios de la década de (1920), después de haber tomado parte en varios intentos organizados por derrocar al gobierno de los Sóviets, bajo la influencia de los bolcheviques, incluida el ala de los socialistas revolucionarios de izquierda después de la firma del tratado de Brest-Litovsk (por oponerse éstos a la firma de la paz por separado con los alemanes). El anarquista ruso Volin denunció estos hechos, directamente ordenados por Vladímir Ilich Uliánov Lenin y León Trotski, y que tuvo la oportunidad de presenciar, en su libro "La Revolución Desconocida".

Los largos años de guerra se cobraron su tributo en Rusia, dejando un país en gran parte devastado, y con una economía en ruinas. La clase obrera se encontraba a sí misma en un arrollador proceso de declive; en torno a (1921) se había visto reducida a cerca de un tercio del tamaño que hubiera tenido en (1917). Muchos trabajadores y militantes habían ido abandonando durante la guerra sus fábricas para unirse al Ejército Rojo; una importante cifra, que jamás regresaría. Otros, que se estaban enfrentando al desempleo y a la carestía, habían vuelto a sus familias, en sus hogares, en el campo, donde al menos les aguardaba un modesto trozo de tierra mediante el cual poder alimentarse. Los Soviets, en definitiva, se habían ido vaciando.

Los bolcheviques, por otra parte, no podían limitarse a abandonar el poder, lo cual habría dejado manos libres a la antigua clase dominante para desbaratar todo atisbo de organización que de la clase obrera había surgido. Con lo cual su alternativa no era otra que aferrarse aún al poder, y aguardar, ante un posible empuje revolucionario desde el oeste.

Ante este panorama, la economía, que poco a poco, se había ido viendo mermada, y relegada a la bancarrota, estaba agudizando la crisis, en buena parte desatada por la guerra. Esto hizo aumentar el cariz de los problemas, derivados de la misma hambruna, que llevaron a la muerte por inanición y enfermedades a miles de personas, que habían dejado de tomar parte en el poder organizado por los Soviets, generando una situación de malestar generalizado, cuyas respuestas no podían hacerse esperar. En marzo de (1921) se produjo la "Rebelión de los Marinos en la Base Naval de Kronstadt", en las afueras de Petrogrado, donde tomaron un papel fundamental militares de tendencia anarquista, algunos de los cuales hablaban de una "tercera revolución". No obstante, aunque considerada como contrarrevolucionaria, y finalmente reprimida, fue uno de los principales elementos que condujeron al instante, en el mismo mes, al reemplazo de la política económica, adoptada durante el desarrollo de la guerra civil, denominada comunismo de guerra, por la llamada Nueva Política Económica (abreviada como NEP), en un intento por reconstruir la industria y especialmente la agricultura, y con ello finalmente la maltrecha economía, mediante la sustitución de la requisa de grano, por parte del campesinado, por un impuesto que alentase al crecimiento, y producción del mismo. A su vez, una parte de la propiedad privada fue restablecida. Con ello, las nuevas posibilidades de comercio privado y manufactura a pequeña escala, permitían el surgimiento de una clase comerciante de hombres de negocios, que condujo a una recuperación de la economía.

Este viraje de la política económica, que rompía con el desastre, guardaba relación con el reflujo internacional de la revolución socialista, que no iba haciendo más que verse retrasada u obstaculizada, en Estados de un peso económico central, como Alemania, en el extranjero, y la necesidad de adaptarse a varios años de estabilidad capitalista cara al comercio exterior, medida esta, no obstante, planteada de un principio como de corto plazo o transitoria, y en ningún momento como una reconciliación con el Capitalismo.

Vladímir Ilich Uliánov Lenin seguía esperando que una revolución en algún otro país permitiese levantar el asedio al que Rusia se iba viendo relegada como Estado socialista, elemento que considera central, como queda reflejado en sus escritos, ya que, para él, el proceso puesto en marcha por la revolución no debía culminar una vez llevada a cabo ésta, sino continuar prosperando, a través de sucesivas fases o etapas, en las que poco a poco fuera viéndose superada la dependencia de las antiguas infraestructuras de poder y gestión heredadas del antiguo Estado Capitalista, lo que se vería enormemente obstaculizado, cuando no imposibilitado, en caso de verse relegado el Socialismo a un único país aislado (como cada vez estaba más próximo a serlo Rusia). Ello se vio reflejado en la Internacional Comunista, en cuyo tercer congreso, Vladímir Ilich Uliánov Lenin difundió sus tesis contra lo que llamó "La enfermedad infantil del izquierdismo en el Comunismo" y logró la aprobación de una política por la unidad del frente de los trabajadores. Otro punto de inflexión en la historia de la Revolución guiada por Vladímir Ilich Uliánov Lenin fue la rebelión anarquista de Néstor Majnó en Ucrania, que muchos autores han catalogado como "la revolución contra Lenin", y que la prensa y los historiadores bolcheviques catalogan de "rebelión abierta contra el Estado obrero y el poder de los sóviets", según ellos promovida por el kulak, apoyado por sectores del campesinado pobre y por bandas de pistoleros.

Cuando Vladímir Ilich Uliánov Lenin falleció, los cimientos de la participación, los Sóviets o Consejos Obreros, que habían convertido el centralismo económico, mediante la organización y participación directa, en un verdadero sistema democrático de control y ejercicio de la gestión y del poder, habían perdido su anterior influencia, dando paso a la burocratización de los mismos, y a la instauración, tras el surgimiento de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas).

La salud de Vladímir Ilich Uliánov Lenin había sido severamente dañada por el intolerable estrés de la revolución y la guerra. El intento de asesinato se unió a sus problemas de salud. Aún llevaba la bala en el cuello, demasiado cerca de la espina dorsal para ser extraída por las técnicas quirúrgicas de aquella época. En mayo de (1922), Vladímir Ilich Uliánov Lenin tuvo un primer infarto. Su papel en el gobierno declinó, aunque volvió fugazmente en otoño de ese año. Tras su segundo infarto en diciembre del mismo año, se quedó parcialmente paralizado (en su lado derecho) y se retiró de la actividad política. En marzo de (1923), tras sufrir el tercer infarto quedó postrado en la cama sin posibilidad de hablar. El (15 de mayo de 1923), siguiendo el consejo de los médicos, se trasladó del Kremlin de Moscú a 10 km al Sur, al pueblo de Gorki. Después de su muerte el pueblo fue renombrado como Gorki Leninskiye.

Vladímir Ilich Uliánov Lenin murió el (21 de enero de 1924), a la edad de 53 años. Tras su muerte se originaron rumores de que sufría de sífilis. La causa oficial que se dio sobre la muerte de Vladímir Ilich Uliánov Lenin fue arterioesclerosis o infarto cerebral (el cuarto), pero de los 27 médicos que le trataron, sólo 8 firmaron las conclusiones de la autopsia. De esta forma se dio pie para que surgieran otras teorías sobre su muerte. Por ejemplo, un análisis postmortem hecho por dos psiquiatras y un neurólogo recientemente publicado en la Revista Europea de Neurología afirmaba demostrar que Vladímir Ilich Uliánov Lenin murió realmente de sífilis.

Documentos desclasificados tras la caída de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), junto con las memorias de los médicos de Vladímir Ilich Uliánov Lenin, sugieren que fue tratado de sífilis ya en( 1896). Estos documentos también sugieren que a Alekséi Ivánovich Abrikósov, el patólogo a cargo de la autopsia, se le ordenó probar que Vladímir Ilich Uliánov Lenin no murió de sífilis. Alekséi Ivánovich Abrikósov no mencionó la sífilis en la autopsia, sin embargo, el daño vascular, la parálisis y otras incapacitaciones que citó eran típicas de la sífilis. Tras una segunda publicación del informe de la autopsia, ninguno de los órganos, arterias principales o áreas del cerebro usualmente afectadas por la sífilis eran citadas.

En (1923), los doctores trataron a Vladímir Ilich Uliánov Lenin con arsénico, la única droga usada entonces de forma específica para tratar la sífilis, y con yoduro de potasio, que también era típico en el tratamiento de esta enfermedad.

Aunque probablemente tuvo la sífilis, también la tenía por entonces una considerable parte de la población rusa de la época. También es cierto que no tenía las lesiones visibles en su cuerpo que acompañan a las últimas fases de la enfermedad. La mayor parte de los historiadores aún están de acuerdo en que la causa más probable de su muerte fue un infarto producido por la bala alojada en el cuello desde su intento de asesinato.

León Trotski, por otra parte, en uno de sus libros plantea otra hipótesis sobre la muerte de Vladímir Ilich Uliánov Lenin, acusando a Iósiv Vissarionovich Dzugashivili Stalin de ser su gestor. En esta tesis, Iósiv Vissarionovich Dzugashivili Stalin habría envenenado a su viejo mentor por intermedio de Génrij Yagoda. Hasta la fecha no hay pruebas que respalden la sospecha de León Trotski.

La ciudad de Petrogrado fue renombrada Leningrado en su honor; nombre que la ciudad conservó hasta la caída de la Unión Soviética en (1991), cuando (votado en plebiscito) recobró el viejo nombre de la época imperial, San Petersburgo.

Tras su primer infarto, Vladímir Ilich Uliánov Lenin publicó una serie de papeles indicando las directrices futuras para el gobierno. El más famoso de ellos es el llamado "Testamento de Lenin", en el cual entre otras cosas critica a comunistas de alto rango como Iósiv Vissarionovich Dzugashivili Stalin. De Iósiv Vissarionovich Dzugashivili Stalin, que era Secretario General del Partido Comunista desde abril de (1922), Vladímir Ilich Uliánov Lenin decía que tenía la «autoridad ilimitada concentrada en sus manos, y no estoy seguro que siempre sepa utilizarlo con la suficiente prudencia.» y sugería a los camaradas sacar a Iósiv Vissarionovich Dzugashivili Stalin de este puesto. Sobre León Trotski dirá: "quizá sea el hombre más capaz del actual Comité Central, pero está demasiado ensoberbecido y demasiado atraído por el aspecto puramente administrativo de los asuntos". También advierte del peligro de que las disputas entre los dirigentes ya citados condujeran a una escisión. También pedía un mayor respeto hacia las naciones no rusas federadas en la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), afirmando que no hacer esto podría conducir a una actitud imperialista y, por tanto, incoherente.En contra de los deseos expresados por Vladímir Ilich Uliánov Lenin antes de su muerte de que no se construyeran memoriales en su nombre, varios políticos trataron de mejorar su propia posición asociando su imagen a la de Vladímir Ilich Uliánov Lenin tras su muerte. El personaje fue elevado a un estatus casi místico, construyéndose estatuas, monumentos y memoriales en su honor.

En la Plaza Roja de Moscú se edificó en (1924) el llamado "Mausoleo de Lenin" junto a los muros del Kremlin donde reposan sus restos mortales embalsamados. Allí ha permanecido la momia de Vladímir Ilich Uliánov Lenin desde el 1 de agosto de (1924) a excepción de 1360 días durante la Segunda Guerra Mundial, cuando fue evacuado a Tiumén, en Siberia. El mausoleo está abierto al público y, durante décadas, eran frecuentes las colas para rendir visita al cadáver momificado del fundador de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas). A raíz de la desaparición de la URSS (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), algunos partidos políticos y diversas personalidades rusas (Mijaíl Gorbachov, entre ellas), han pedido el desmantelamiento del mausoleo y que los restos de Vladímir Ilich Uliánov Lenin sean enterrados. Estas iniciativas no han recibido hasta la fecha el apoyo del Gobierno de la Federación Rusa (y sobre todo del Parlamento) y el mausoleo sigue abierto a las visitas, aunque el apoyo de la población al mantenimiento de este mausoleo va descendiendo: Si en (2000) los defensores del mausoleo ascendían al 82%, mientras los que se oponían a él eran el 14%, los datos de (2007) arrojan una relación de 64% a favor y 34% en contra.

El cerebro de Vladímir Ilich Uliánov Lenin fue extraído antes de embalsamar su cuerpo. Los gobernantes soviéticos contrataron a un conocido neurocientífico alemán, Oskar Vogt, para estudiar el cerebro de Vladímir Ilich Uliánov Lenin y localizar las células cerebrales responsables de su genio. Con este propósito se creó el Instituto del Cerebro en Moscú. Oskar Vogt publicó un artículo sobre el cerebro en (1929) donde exponía que algunas neuronas piramidales en la tercera capa de la corteza cerebral de Vladímir Ilich Uliánov Lenin eran muy largas. A pesar de ello, la conclusión de su relevancia en el genio de Vladímir Ilich Uliánov Lenin fue mal recibida. El trabajo de Oskar Vogt fue considerado poco satisfactorio por los soviéticos. Posteriormente el equipo soviético continuó efectuando investigaciones, pero estos trabajos sobre el cerebro de Vladímir Ilich Uliánov Lenin ya no fueron publicados

domingo, 14 de agosto de 2011

RETRATOS EN ROJO DE NAPOLEON BONAPARTE, de Jean Antonie Gros



Se dice que Napoleón Bonaparte, durante sus batallas, casi siempre usaba un uniforme de color rojo. Para él este color elegido era importante, porque si era herido, con su uniforme rojo no se notaría su sangre, con lo que sus soldados no se preocuparían y no dejarían de luchar con moral alta.

Toda una prueba de inteligencia, estrategia, honor y valor.





Os dejo también con algunas citas más destacadas de corso que fue el emperador de los franceses:

Del talento a la cordura hay una distancia enorme.
Napoleón Bonaparte
El triunfo no está en vencer siempre, sino en nunca desanimarse.
Napoleón Bonaparte
Las batallas contra las mujeres son las únicas que se ganan huyendo.
Napoleón Bonaparte
Vístanme despacio, que voy de prisa
Napoleón Bonaparte
Cada edad nos da un papel diferente.
Napoleón Bonaparte
La guerra es un juego serio en el que uno compromete su reputación, sus tropas y su patria. Napoleón Bonaparte
El perdón nos hace superiores a los que nos injurian.
Napoleón Bonaparte
De lo sublime a lo ridículo no hay más que un paso.
Napoleón Bonaparte
Para gobernar a los hombres hay que saberse aprovechar de sus vicios, más bien que de sus virtudes. Napoleón Bonaparte
El amor es una tontería hecha por dos
Napoleón Bonaparte
El tonto tiene una gran ventaja sobre el hombre de espíritu: está siempre contento de sí mismo. Napoleón Bonaparte
La envidia es una declaración de inferioridad.
Napoleón Bonaparte
¿Queréis contar a vuestros amigos? Caed en el infortunio.
Napoleón Bonaparte
El mejor método para cumplir con la palabra empeñada es no darla jamás. Napoleón Bonaparte
La independencia, igual que el honor, es una isla rocosa sin playas.
Napoleón Bonaparte
La muerte es un sueño sin sueños.
Napoleón Bonaparte
Nunca emprenderíamos nada si quisiéramos asegurar por anticipado el éxito de nuestra empresa. Napoleón Bonaparte
Los sabios buscan la sabiduría; los necios creen haberla encontrado.
Napoleón Bonaparte
El mayor orador del mundo es el triunfo.
Napoleón Bonaparte
Cuando no se teme a la muerte, se la hace penetrar en las filas enemigas. Napoleón Bonaparte
Los hombres son como los números, que no adquieren valor sino por la posición que ocupan. Napoleón Bonaparte
El método más seguro de permanecer pobre es ser una persona franca. Napoleón Bonaparte
En la guerra, como en el amor, para acabar es necesario verse de cerca. Napoleón Bonaparte
Toda hora perdida en la juventud es una probabilidad de desgracia en el porvenir. Napoleón Bonaparte
He de gobernar de acuerdo con el bien general, no de acuerdo con la voluntad general, que muchas veces no ve bien todos los problemas. Napoleón Bonaparte
Si pierdo las bridas de la prensa, no aguantaré ni tres meses en el poder. Napoleón Bonaparte
El porvenir de un hijo es siempre obra de su madre.
Napoleón Bonaparte
Había ordenado, sin emoción, las más sangrientas batallas, y he aquí que me sentía conmovido: me emocionaban los gritos y el dolor de un perro. Napoleón Bonaparte
Imposible es el adjetivo de los imbéciles.
Napoleón Bonaparte
Una cabeza sin memoria es una plaza sin guarnición.
Napoleón Bonaparte
Para gobernar hay que saber aprovecharse de los vicios de los hombres, no de sus virtudes. Napoleón Bonaparte
Las novelas son la historia de los deseos humanos.
Napoleón Bonaparte
Agua clara, aire puro y limpieza son las principales drogas de mi farmacopea. Napoleón Bonaparte
Hay ladrones a los que no se castiga, pero que nos roban lo más preciado: el tiempo. Napoleón Bonaparte
Si la obediencia es el resultado del instinto de las muchedumbres, el motín es el de su reflexión. Napoleón Bonaparte
Cuando se hacen tonterías, éstas por lo menos deben dar resultado.
Napoleón Bonaparte
Cuando no se teme a la muerte, se la hace penetrar en las filas enemigas. Napoleón Bonaparte
Con audacia se puede intentar todo; mas no conseguirlo todo.
Napoleón Bonaparte
Un trono es sólo un taburete de madera forrado de seda.
Napoleón Bonaparte
La mayor parte de aquellos que no quieran ser oprimidos quieren ser opresores. Napoleón Bonaparte



viernes, 12 de agosto de 2011

FOTOGRAFIAS ANTIGUAS DE MONUMENTOS PATRIMONIALES DE ESPAÑA



De varias ciudades españolas, dejo aquí las fotografías de lo mejor de cada sitio, testimonios vivos e históricos de las construcciones de todo nuestro pueblo. Las fotos son en blanco y negro, tiradas a principios del siglo XX y pertenecen a la colección privada del rey Alfonso XIII, abuelo del actual monarca Juan Carlos I. Unas fotos limpias, nítidas, y dignas de contemplar en un museo.





























RETRATO DE WILLIAN SHAKESPEARE




ADAPTACIÓN DE UN TEXTO DE WILLIAM SHAKESPEARE



UNA PERSONA ES ENORME, cuando habla de frente y vive de acuerdo con lo que dice, cuando trata con cariño y respeto, cuando mira a los ojos y sonríe con franqueza.

PERO ES PEQUEÑA cuando sólo piensa en sí misma, y les hace creer a los otros que piensa en ellos; cuando es poco gentil, cuando no colabora, cuando abandona a alguien en el momento en que más lo necesita.

UNA PERSONA ES GIGANTE cuando se interesa por tu vida, cuando busca alternativas para tu crecimiento, cuando sueña junto con vos... cuando trata de entenderte aunque no piense igual que vos.

PERO ES PEQUEÑA cuando se deja regir por comportamientos clichés, cuando quiere quedar bien con todos, cuando maneja a la gente que menos puede como un titiritero…

UNA PERSONA ES GRANDE cuando perdona, cuando comprende, cuando se coloca en el lugar del otro, cuando obra no sólo de acuerdo con lo que esperan de ella, sino con lo que espera de sí misma.

PERO ES PEQUEÑA cuando decepciona, cuando hiere, cuando actúa con orgullo, cuando no es solidaria, cuando miente, cuando no sabe pedir perdón.

UNA PERSONA ES grande cuando sabe dar, cuando no tiene miedo de recibir, cuando la caracteriza la alegría, cuando enfrenta la tristeza, cuando domina la ira.

PERO ES INSIGNIFICANTE cuando desprecia, cuando olvida los favores, cuando sólo busca su brillo, sus intereses, su bienestar. Se empequeñece aún más cuando agrede, cuando falsea su testimonio, cuando mata con maledicencia.

UNA PERSONA ES GRANDE cuando extiende su mano, cuando cierra su boca y abre su corazón… y cuando su sensibilidad es tan grande como su tamaño...

POR ESO…
Si te detuviste a admirar el increíble e interminable trabajo de una simple hormiga...Si te asombraste e intentaste comprender la belleza admirable de un panal de abejas. Si te detuviste para seguir la extraordinaria velocidad y la maravillosa habilidad de un picaflor en vuelo...Si te sentaste en el suelo y ofreciste tu mano a un perro para que pudiera lamerla...Si te recostaste sobre la hierba y te deleitaste con el perfume mágico de una flor... Si en silencio escuchaste la voz de las eterna. Si esbozaste en tus labios la misma sonrisa que viste en aquel niño...Si sentiste correr por tus mejillas las mismas lágrimas que viste descender tristes, por la cara arrugada de aquel pobre viejo......en verdad has vivido intensamente cada instante de tu vida, lo cual llenó de belleza tu alma, de amor tu corazón y, sobre todo, ¡TE CONVIRTIÓ EN UNA PERSONA MUY GRANDE!

jueves, 11 de agosto de 2011

EL PAPIRO DE RHIND


El papiro de Rhind es uno de los más célebres documentos egipcios de la antigüedad. Está escrito en un rollo de papiro de 30 cm de alto y casi 6 m de largo. Fue comprado en 1858, en una ciudad del Nilo, por el anticuario Henry Rhind, del que deriva el nombre.

Anteriormente se conocía con el nombre de papiro Ahmes, en honor al escriba que lo copió, hacia el año 1650 a. de JC.

Contiene una gran cantidad de información matemática y multitud de problemas de ingenio, entre los que se incluye la progresión aritmética más antigua de la que se tiene conocimiento, que dice así:

"Cinco personas se repartieron 100 medidas de trigo, de manera que la segunda recibió más que la primera, tanto como le correspondió a la tercera más que a la segunda, y así sucesivamente. Además, las dos primeras personas juntas recibieron la séptima parte de las otras tres restantes. ¿Cuánto le correspondió a cada persona?"